
Me quito el sombrero, aunque me despeine
Fastinante película del otro lado del charco que nos invita a hacer una reflexión sobre la importancia del amor familiar en la vida de las personas. Desde el principio nos envuelve su pasión por la vida en unas condiciones en las que es difícil tener las ideas claras. Por un lado choca la excesiva madurez del protagonista, pero sales de la duda cuando disfrutas de la interpretación de un niño de esa edad. Película dura y a la vez tierna en la que la risa y los nudos en la garganta se alternan de tal manera que que emocionan todo el tiempo. Todo aderezado con una Carmen Maura intachable que hace,como siempre, alarde de las dotes interpretativas a las que ya nos tiene acostumbrados.
loncha


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